IVA cero para los libros!!!

Es la petición que elevará el sector de las librerías a Bruselas el próximo mes de Abril según cuenta Fernando Valverde, Presidente de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL), a Europa Press en una entrevista con motivo del Congreso Nacional de Libreros que se celebrará en Las Palmas de Gran Canaria entre el 16 y el 19 de marzo.
O al menos “que el IVA de lo digital se equipare al del libro en papel, ya que ahora soporta el 18 por ciento” puntualiza inmediatamente.
 
En efecto, el IVA aplicable al libro en formato papel hasta ahora era del 4% (España es el único país que aplica este IVA superreducido), mientras que el del libro electrónico, al considerarse servicio, asciende hasta la friolera del 18% actual.
 
Y es que el problema del Impuesto sobre el Valor Añadido trae de cabeza al comercio del libro. Resulta sencillo entender por qué: Este impuesto que incrementa el precio, no sólo de los libros sino de todos los productos y servicios, divide en dos percepciones enfrentadas el valor de estos.
 
A saber, por un lado, el comprador tiene una sensación del valor de lo que está pagando por un producto, que no es la misma que la que tiene el vendedor sobre el valor del producto que está comercializando. El problema es que el comprador es consciente de que está pagando el 100% del producto que adquiere, sin ser consciente de que casi el 20% de ese coste (en algunos productos) son impuestos que, aunque los recauda el vendedor, no se corresponde con los beneficios que este adquiere por la venta. Son impuestos que remitirá al Estado.
 
Esto hace que lo que para el comprador pueda resultar excesivo, para el vendedor resulte incluso no rentable. Una diferencia en el precio en concepto de impuestos que en ocasiones puede llegar a alcanzar casi el 20% de lo que se esta pagando.
 
Y resulta que esto en el mundo del libro alcanza las cotas más elevadas de lo irrisorio. Un libro en formato papel es un libro, pero un libro en formato electrónico precisa de un servicio (de descarga) añadido que eleva su IVA a ese escandaloso 18%, cuando el concepto del producto es o debería ser el mismo.
Y es que no sólo la sociedad, sino los gobiernos también, tienen que cambiar su mentalidad y dejar de asociar para la definición del libro un contenido en un soporte que  tradicionalmente ha sido el papel, y empezar a pensar en el libro como contenido independientemente del soporte. Este debe ser el principio de toda negociación.
 
Esta problemática no le es para nada desconocida a la biblioteca. Paralelamente podemos asociar como símil el que la biblioteca tradicionalmente haya separado (y siga haciéndolo) sus fondos, no sólo por materias, sino por soportes, de manera que es habitual encontrar separados los libros de los CDs y de los DVDs.
 
Parece que el comercio del libro, con la irrupción del libro electrónico, está encontrando grandes problemas para asimilar la nueva cultura que han propiciado las TICs. Y no ayuda en nada tampoco la posición tradicionalista que en España y gran parte de Europa ha tomado como inamovible la industria editorial.
 
La lentitud con la que ha reaccionado este sector y su inamovible postura para amoldar el sistema tradicional del comercio del libro a las corrientes actuales (principalmente) tendrá consecuencias. Este sector ha obligado a sus usuarios potenciales a recurrir a la piratería para satisfacer una demanda que no estaba dispuesto aún a cubrir y que, ahora que ha empezado a hacerlo, se está haciendo de forma abusiva, como han probado diferentes iniciativas, por ejemplo la polémica 1libro=1euro.
 
Sin embargo no parece ser, ni de lejos, la consecuencia más preocupante. Ahora mismo el gigante Amazon eclipsa el horizonte del mundo editorial en español para el formato electrónico de libros y se dispone a empezar a venderlos en España a partir de este mismo año y en castellano. ¿Cómo competirán entonces grandes y pequeños editores en España por conservar al menos parte de ese gran monopolio que ha sido siempre para ellos el libro?
 
Habrá que esperar a ver como funciona Amazon por este lado del Atlántico, pero debemos ser conscientes de que su llegada se produce sin una competencia real en su sector del libro electrónico y que esto puede suponer un inicio algo “abusivo” en la carrera comercial de la marca por estos lares.
 
Puede que ya haya quien se lamente de la gran oportunidad que se ha perdido con la, en su día, tan esperada Libranda. Mientras tanto esperaremos la respuesta de Bruselas a esta petición de los libreros españoles.

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